El hilo fantasma es una película del director Paul Thomas Anderson ambientada en los años 50 en Londres y que tiene como protagonista principal a un excelso modista de alta costura: Reynolds Jeremiah Woodcock. La película cuenta la vida de Reynolds, el perfeccionamiento obsesivo con que desarrolla su trabajo y la singular historia de amor con Alma, una camarera con la que comienza una relación.
Dos temas interesan de este film: la masculinidad de Reynolds y cómo –al igual que muchos varones hoy– resulta impenetrable para el amor y, por otro lado, la obstinación de Alma para imponerse ante la coraza de un hombre tan hermético.
En una crítica reciente se diagnosticaba al protagonista como psicópata (por cómo destrata a Alma, por su rigidez de carácter, etc.). No es una mala interpretación, pero quizá es algo mucho peor que equivocada: es poco interesante. Aunque sí podría serlo ir más allá de la categoría puntual de la que el protagonista sería ejemplo, para pensar que ese psicópata puede ser todo varón cuando conoce a una mujer, en la medida en que le puede interesar de ella (como dice un chiste de Groucho Marx) menos ella. Así también lo dice una canción de Joan Manuel Serrat: “Me gusta todo de ti, pero tú no”.
Esto es lo propio del deseo del varón, que muchas veces no hace vínculo, por ejemplo, cuando es posesivo. Es la perversión masculina, cuyo modelo básico es el fetichismo. ¡No por nada la película nos muestra a un modista! En esta, Reynolds está enganchado con Alma, pero no quiere nada de ella, quiere que esté, pero no su deseo. Ahora bien, la pregunta correlativa y que mejor muestra la película, es: ¿qué quiere una mujer de un hombre que no quiere nada de ella? Así la película lleva hasta el límite el secreto de la voluntad femenina: la obstinación. Sólo por empecinamiento las mujeres quieren el amor de los hombres; una de esas formas de ser “cabeza dura” es la enamorada romántica (que espera y espera) y, donde el amor el romántico ya no existe (o está en crisis, como hoy en día), otro modo de obstinación ya no es querer que el varón ame –o que quiera otra cosa que su fetiche (que deje el futbol con sus amigos, los asados, etc.)– sino que ahí empieza otro camino, diferente, que es el que la película muestra cuando nos presenta a una mujer capaz de quedar ofrecida sacrificialmente y soportarlo todo con tal de que el varón quiera o cambie. En este sentido, esta película es privilegiada para pensar cómo cambió el amor en el pasaje al siglo XXI, esta época de varones seductores y mujeres que son denominadas como “intensas”.